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  • Andrea Rendón

Un micrófono en casa


En septiembre del año pasado una querida amiga con quien comparto filosofía de vida y complicidad en ciertos proyectos trajo a mi casa un micrófono, el objetivo era algo que habíamos hecho antes: locutar audios complementarios para un libro de niños. Pero en esta ocasión el propósito para mí iba, sin saberlo, más allá.


Un mes después nuestro país se encontró atrapado en medio de un paro nacional. Un par de días en los que el tema se puso especialmente complicado pude grabar el programa de radio que transmitimos a diario sin tener que ir a la cabina. Ese fue sólo un preparativo.


Hoy, por la llegada del covid-19 a mi país, cumplo dos semanas sin salir de casa con diez programas transmitidos por señal de radio y web; grabados aquí, con entrevistas a profesionales en diferentes temas.





Pero antes de esos diez programas, el lunes 16 de marzo me levanté como muchos ecuatorianos, con el corazón chiquito y la mente confundida. Bastó sacar el micrófono, conectarlo a la computadora y empezar a hacer eso para lo que siempre he sentido que nací: ser una herramienta para comunicar, dar luces de información real; para sentir que el panorama cambiaba, para sentirme útil, para sentir que desde donde estaba algo estaba aportando.

Cada entrevista telefónica con profesionales y amigos transmitida por ese micrófono me ha permitido aclarar dudas y dar ideas a la gente que nos escucha desde sus casas.


Este es un momento histórico para la humanidad, dicen que es el desafío más grande que hemos vivido a nivel global desde la segunda guerra mundial. En mi caso es la primera vez en los 20 años que llevo haciendo radio que me he visto imposibilitada de ir a la cabina por más de una semana.


Pero tenía un micrófono en casa, tenía cómo hacer ese pequeño aporte desde mi rango de acción. Todos tenemos un micrófono en casa y creo que esta es la oportunidad de oro que se nos presenta como humanidad para descubrir cuál es el de cada uno. Tal vez sea la capacidad de coordinar ayuda, de cocinar delicioso, de escribir cuentos y novelas, de liderar acciones, de conectar con la naturaleza, los animales y las plantas, de juntar a quienes tienen ideas y no saben cómo ejecutarlas, de escuchar para ayudar a sanar y hasta de ponerle fe a lo que se pide.


Hace poco estuve en un webinar de Sistema B donde dijeron algo que me pareció genial: “este es un momento para preguntarme cuán necesario es para el mundo lo que he venido haciendo”. Tal vez es momento de decidir en qué me voy a concentrar cuando esta pandemia haya pasado, es el momento para encontrar cuál es tu micrófono en casa.


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